03 juillet 2006
La princesa de Clèves era mi abuela
La princesa de Clèves era mi
abuela
Javier, psicoanalista peruano, se enamora de unos foulards Lacroix que lo conducen, inexplicablemente, hacia Varsovia. Allí abre un nuevo consultorio con la ayuda de Kacper Czeslaw, su carpintero. Kinga, una paciente que come jabón compulsivamente, le muestra una foto de su abuela Ana María de Kronenberg que aclara ciertas intrigantes dentro de su proyecto psicoterapéutico.
Me he taylorizado. Justo estaba reorganizando los volúmenes y los colores de mi nuevo consultorio en Varsovia con el fín de que los divanes apunten hacia la pileta que financió la Perestroika y podamos captar, durante la terapia, el mensaje del agua : recibo ahora a tres eslovacos al mismo tiempo, tú sabes, estos europeos del Este con tanta invasión, con esto de los circos y la moda de ser gitanos, tienen full problemas de identidad y en ese sentido, siento que sigo consultando en el Perú. He conseguido un carpintero mostro, Kacper Czeslaw, que me ha hecho un parquet divino con ishpingo salidito de un bosque de Grimm y dos tótem de Príapo que los tengo al lado del retrato de Carolina de Mónaco. La idea de este nuevo consultorio me vino cuando Mauricio Fernandini me mostró unos foulards Christian Lacroix, con unos diseños florales de las estepas polacas, y me quedé misteriosamente enamorado de ese país.
Arranqué los stickers que decían MIA,PAR,MAD, LOND y NY de mis maletas Vuitton, y las organizé de la siguiente manera : una con la obra integral de Melanie Klein y la otra con pura
ropa negra ( viudo profesional, que le dicen ) y me fui para Varsovia en el
primer vuelo de Lastminute.com. Llamé a mi tío Karol Grzegorz que estaba prendiendo
el carbón en Villa y desde su cel, a pesar de las maldades de Queirolo y del
huevo, me dijo : “Javier, Polognia serr la papa y el fodka, Javier, la papa y
el fodka : morrirte de hambrre”, y le dije…“Tío, sorry, pero tengo otra call en
la auxiliary line y debe ser el rubiecito de VarsoFarma trayéndome mis
anxiolíticos”, y colgué. Me quedé, no sabes, hecho un nudo de ideas super
confusas y tanáticas en cuanto a mis orígines croatas, checos y austríacos.
Marilú, ojo con una cosa, Rumanos no ah, porque esos son los que leen las cartas en la
Calle de las Pizzas y MI familia del lado de los Gargurevitch construye represas
en Chanchamayo para que las juguerías de Lince tengan algo que exprimir.OK? Lo
curioso de todo esto, es que ayer, trabajando sobre el TOC de una tal Kinga
Kronenberg (ella come compulsivamente jabón), me mostró esta foto de su abuela
Ana María de Kronenberg. Me fui en bad así como cuando olíamos ether en la Complutense. Marilú, tiens
toi : ¡ Era mi abuela ! Porfaor, dime, pero así dime, si no es la Princesse de Clèves versión folk !
O sea, puedes ser femme fatale porque te bacila, me entiendes, pero la Ana María, así, super natural con esa mirada de lago huarazino y esa peineta barroca que tiene montada sobre su fino rostro, con hilos de oro y perlas nórdicas, uy, super intenso. No sé, pero para mí, ha sido una iluminación. Me dan ganas de subir a una montaña brumosa, recitar poesía del yo y sentirme un romántico alemán ! Me dan ganas de irme a Taquile y estudiar los bordados locales para establecer parelelismos estéticos entre la cultura peruana y todo lo que quede al Este del Danubio ! Yo sé que tú me entiendes.
Le pedí a Kinga que se pare, la miré como que ok, eres simpática, y reconocí esos bucles de los Kronenberg que
yo también tuve en unas fotos en la Place du Tertre cuando modelaba chompas col roulé
para Petit Bateau. Olvídate, la miras a Kinga y es como que, guau, su imagen es super intensa, tienes que concentrarte en tantos planos, angulos y contrapicados de su cara, que mirarla, termina por ser tan empalagoso como comerse un suspiro a la limeña. Pasamos la tarde comiendo postres, tomando
champagne, jalando coca y la niña atinó a cancelarme al final de la velada, lo
que llamó su “mejor sesión de psicoterapia en Varsovia”. Me enteré que esta tal
Ana María había inventado la pastaiola, la penicilina, el agua tibia e internet.
Kinga
me dijo que la foto fue tomaba el día en que nacionalizaron los latifundios
polacos, que entró así full gente super roots con antorchas y palas y que comenzaron por quemar el taller de costura que la abuela se había hecho bajo un nogal. Se le
ve super triste a mi abuela ¿no crees? Kinga me dateó también que Ana María estaba mirando unas carretas que se llevaban las cabras de la familia, un cofre con joyas del mar muerto, y dos fustanes hasta hora perdidos en la geografía europea.
Pero te
tengo que dejar, Marilú, porque Kacper me está haciendo una caja de madera que
vamos a colgar en medio de la sala, en la cual, me he propuesto meditar siete
horas diarias en busca del sufrimiento de mundo.
Entre
acerrines y otros polvos, me despido ma belle,
Javier
Commentaires
Braazo
Pucha qué chevere su blog !
Alucina que me he recagado de la risa!
Super bien chicos, sigan así, don't change.
Besos,
Luciana
(boquita abierta y cabeza de lado)
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